sábado, 17 de agosto de 2019

Monte Perdido desde la Pradera de Ordesa -3355- (Agosto de 2016)

Unos días después de la subida al Posets, y ya en Ordesa, decidía terminar mis vacaciones haciendo alguna ruta por la zona sin tener que llevar la mochila a cuestas.
Al día siguiente de descubrir el Tozal de Mallo, la faja de las flores y las clavijas de Cotatuero, y a pesar de que la previsión meteorológica no era demasiado buena, decidía intentar la subida al Monte Perdido, una cima que para mi era y es una de las más míticas del Pirineo.
Así pues, a las 6 y algo ya estaba en el bus que sube a la Pradera de Ordesa dispuesto a intentar coronar Monte Perdido desde la Pradera lo más rápido posible, pues temía la previsión
meteorológica. Una vez aparca el bus y casi a ritmo de marchador, comienzo a ascender la Pradera dirección al circo de Soaso y la cola de Caballo. Subo por la clavijas y en poco tiempo ya estoy en Goriz, donde pillo algo de agua y sigo para arriba.

Una vez pasado Goriz, la subida se va empinando hasta llegar a algunos tramos en los que hay alguna cadena y hay que ayudarse de las manos para trepar para salvar los desniveles. Parece una subida entretenida y así acabo llegando al espectacular lago helado, situado entre el Cilindro y el inicio de Monte Perdido.
Desde aquí tengo enfrente la famosísima y mítica escupidera, de la cual había oído tanto hablar. El día sigue estando nublado y algo oscuro y, cosa rara, no se ve a casi nadie subiendo. Decido seguir y encaro la escupidera. La primera parte se puede hacer trepando por la roca, pero llega un momento en que hay que meterse en la tartera o canchal de piedras pequeñas, por la que cuesta mucho esfuerzo subir, pues por cada paso que se da se retrocede medio. Pero poco a poco acabo llegando arriba de la escupidera.
Una cosa que me tranquiliza respecto al tiempo es que antes de afrontar el tramo de subida final, encuentro a dos guardas del parque, apenas las únicas personas que he visto desde Goriz. Hablo un poco con ellos, me asomo al glaciar del perdido que se ve impresionante desde arriba... y afronto el último tramo para subir a la cumbre, que no presenta dificultad aunque el cansancio ya hace mella... pero después de unos minutos, ya estoy en la cima!!

No obstante, la cima es un poco decepcionante porque debido a la niebla apenas se ve nada de lo que me rodea. Aparte de los guardas, hay otro chico y una pareja que está plantando la tienda para quedarse a pasar el día y dormir en plena cima... hay que tener valor, vista la previsión del tiempo.
Como empieza a chispear y tampoco estoy viendo nada, voy para abajo. Bajando la escupidera uno entiende porque es, posiblemente, el sitio más negro y con más accidentes mortales del Pirineo, pues en invierno y con nieve, se ve hacía donde se dirige cualquier persona que resbale. No obstante, yo no tengo que pisar nieve, así que bajo al lago Helado y comienzo el descenso hasta Goriz. Va chispeando pero finalmente llego al refugio (deben ser sobre las 14 de la tarde), casi al mismo tiempo que los guardas, y a los 10 minutos comienza la tormenta.
Ya a resguardo, como algo mientras pasa la lluvia.. y cuando ya ha pasado, dejo Goriz y bajo de nuevo hacia la cola de caballo, de nuevo por las Clavijas. La ruta hasta la Pradera se me hace ya bastante pesada, pues tranquilamente acabo con más de 35 kilómetros en las piernas y más de 2300 metros de desnivel positivo, pero finalmente pillo el autobús y llego a Torla.

Creo que Monte Perdido es una cumbre de las que vale la pena. Entretenida de hacer y espectacular, pues se pasan por lugares increíbles y con mucha leyenda detrás de ellos. Algún día tendré que volver para poder observar mejor las vistas y poder disfrutar de esta montaña tan especial con más calma.

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